Pintar en la calle es como una misión
Entrevista con el artista Teo Moneyless.
Teo Moneyless es un artista italiano que pintó uno de los muchos murales que hoy pueden apreciarse en las paredes del barrio de Barracas, en el marco de la iniciativa de arte urbano que motoriza Sullair Cultura. Sus comienzos en la pintura y su experiencia en el proyecto para el cual fue convocado por la compañía son algunas de las cosas que cuenta en esta entrevista.
¿Cuáles fueron tus primeros pasos en la pintura?
Empecé en el año 1994 con graffitis, esa fue mi primera experiencia con el arte. En ese momento vivía en el campo, y cuando me mudé a la ciudad, me encontré con amigos en la escuela y también en la calle que tenían mis mismos intereses. Después de muchos años de graffiti, fui a la universidad, donde comencé a estudiar arte y mi punto de vista cambió un poco. Comencé a hacer otras cosas, porque ya me estaba aburriendo de hacer siempre lo mismo. Sentí la necesidad de subir un paso en mi carrera. Así comencé a pintar de otra manera. Cambié hacia algo más abstracto. Fue un proceso gradual. Nunca pinté figurativo, hice lettering por años, primero de manera geométrica y luego fue evolucionando en algo más.
En Italia hubo muchos buenos artistas en los años '60 y '70, que trabajaron el abstracto y fueron los que más me inspiraron. En este sentido, me gustan Achile Perilli, Mimmo Rotella, Francesco Aviani y Lucio Fontana. Mimmo Rotella, por ejemplo, es famoso por el decollage y por intervenir publicidades.
¿Cómo fueron recibidos tus primeros trabajos abstractos?
No fue fácil porque el movimiento callejero en Italia comenzó con personajes, nadie trabajaba el arte abstracto. Así que al principio era difícil y lo sigue siendo, porque es más fácil comprender las figuras humanas. Para mí lo abstracto es una forma de representar una emoción, es un tipo de síntesis de una emoción. Todos pueden ver algo distinto en un trabajo abstracto. Las nubes, por ejemplo, son algo abstracto, pero uno puede ver un montón de figuras ahí. A mí me gusta que la gente mire mis murales y se quede pensando.
No es que ven un rostro en una pared y listo. Uno puede imaginar distintas cosas al mirar mi trabajo. Eso es el objetivo principal que persigo y lo que más me gusta.
Cuando comencé a trabajar hace unos años con un concepto abstracto hice muchas instalaciones en la naturaleza con una soga, y dibujé en diferentes espacios figuras geométricas, trabajando con lana e hilos de pesca.
¿Qué cosas te inspiran o disparan tu necesidad de expresión?
Cuando necesito nuevas emociones, nuevos sentimientos, empiezo a buscar estilos y a experimentar otras vivencias. Así me pasó cuando dejé el graffiti porque necesitaba nuevas cosas en mi vida. También siento que lo que produzco está inspirado por lo que vivo día a día.
Al principio trabajé por años con pocos colores: negro, blanco y rojo. Luego sentí que había cierta limitación, así que empecé a jugar con más colores.
A veces me inspira el entorno, o algo que veo en la naturaleza, como bosques o piedras. Cuando vine a Argentina, por ejemplo, me inspiré por algunas cosas de acá y me voy con muchos recuerdos. Eso me ayuda a evolucionar.
¿Qué trabajos de arte urbano realizaste en Argentina?
Pinté cuatro murales, dos son míos y otros dos en colaboración con otros artistas.
Con Pol Lloveras anduvimos por el barrio de Barracas para elegir entre muchos muros. Algunos vecinos se negaron a que pintáramos sus paredes. Otras paredes no eran buenas porque tenían muchas irregularidades. A simple vista, el vecindario parece peligroso, pero no lo es. Mientras pintaba, mucha gente interesada se paraba a preguntarme por la obra, o me ofrecían algo para tomar, muy amistosamente, mientras elogiaban mi trabajo. Pintar en la calle es como una misión, es algo que hacés porque te hace sentir bien. Pero también lo hacés por la gente.
Con respecto a la pared que elegimos para la obra, finalmente quedó muy bien. Allí usé un estilo nuevo. Por muchos años trabajé sobre círculos. Pero en esta obra, pinté porciones de círculos y sus intersecciones.
Me inspiró el vecindario, que tiene muchas casas pequeñas, con diversos colores. Esta fragmentación en la pared es lo que veo alrededor. Si mirás esta línea de casas, es como un fragmento de una gran arquitectura, pero cada casa es diferente, no comparten un estilo común. Esta pared fue hecha en secciones, y cada una representa lo que veo acá. Este mural es parte de una serie que estoy haciendo ahora. En este punto de mi carrera, mi trabajo pone el contraste entre una pared colorida en el fondo y las líneas en las intersecciones.
¿Qué te pareció el arte urbano de Buenos Aires?
Vi algo de arte callejero en mi estadía en Argentina, pero ya lo conocía desde antes porque tuve contacto con artistas argentinos en otros lugares. Hay un grupo de artistas de nivel internacional que viajaron por todo el mundo, y otro grupo para quienes es más difícil hacerlo porque viajar es costoso, o porque no pueden importar material, etcétera. Pero acá tienen más libertad. En Europa hay que hacer mucho papeleo para pintar una pared, mientras que acá se puede tocar el timbre, preguntar al vecino y listo. La cultura acá puede evolucionar mucho, porque no tienen las limitaciones que tenemos nosotros.
¿Por qué tus obras no llevan título ni firma?
Normalmente no pongo mi firma en las calles porque siento que mi estilo es único y mis murales se reconocen. Tampoco llevan título. A veces pongo un número de serie, como 001. Entonces todo lo que produzco acá es, por ejemplo, 001 Buenos Aires, 002 Buenos Aires, etcétera. Para mí es importante que la gente mire mis obras y se quede pensando. Y si le pongo “Sol” a una obra, la cierro en una imagen. Más que tituladas, prefiero decir que son abiertas. Todos pueden ver algo en ellas.
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