Pintar para crear un lugar más habitable
Barracas toma color gracias a la intervención de varios muralistas.
A través de distintas acciones en espacios públicos de la ciudad, Sullair Cultura tiende puentes entre el arte y la gente. El proyecto de trabajo conjunto con muralistas, por ejemplo, comenzó cuando se convocó a diferentes artistas plásticos para que intervengan las máquinas de la compañía. Luego se pintaron las paredes de la empresa y se continuó con la iniciativa en diversos rincones del barrio de Barracas.
Entrevistamos a Anahí Traba, gerente de Marketing de Sullair, quien ideó e impulsó este proyecto con un entusiasmo que contagia a los diferentes actores actualmente involucrados.
¿Cómo nació Sullair Cultura?
Comenzó en 2011, dentro del marco de un festival internacional de arte urbano Meeting of Styles (MOS), que se realizó por primera vez en la ciudad de Buenos Aires. Allí se nos ocurrió la idea de que los artistas intervengan nuestras máquinas como si fueran lienzos. Esto fue muy original, ya que no había en ese momento antecedentes en el mundo de esta actividad sobre máquinas y contenedores. Así fue que comenzamos a trabajar y empezó a calar la idea de desparramar en la comunidad un poco de arte, que hasta ahora veníamos estimulando pero a puertas cerradas, con invitaciones a determinados eventos solo para clientes y empleados. Entonces vimos cómo las máquinas tradicionales se convirtieron en verdaderas piezas de arte itinerante. Cómo un contenedor aburrido y monocromático, se transformaba en un espacio expresivo, que permitía trasladar ese arte a cualquier punto del país.
¿Cuál fue el siguiente paso?
Tiempo después nos animamos a intervenir los muros de la empresa. Fue un largo proceso, que a la distancia no parece, pero requirió de cierta valentía. 400 metros lineales de nuestras paredes que primero se tuvo que preparar con un color base neutro, para que pudieran rodar las bicicletas del artista Mart Aire, Martín Florio, y que tan bien complementó el artista Pol Corona, Pablo Lloveras, con sus pequeños mundos. Al pintar las paredes, las fronteras empezaron a desaparecer, comenzó a desvanecerse ese límite entre lo público y lo privado. Ese muro pasó a ser, en cierta medida, propiedad del barrio. Un muro sin pintar encierra tu propiedad y la divide. En cambio, un muro pintado convoca.
Y este movimiento continuó, no terminó en las paredes que rodean Sullair, ¿verdad?
Después de pintar nuestros muros, apareció la idea de pintar un bajopuente del barrio de Barracas, en esta punta de la Capital Federal que linda con el Riachuelo. El mismo estaba muy derruido, sórdido, con las veredas muy rotas. Realmente feo. Nuestra gente pasa todos los días por este bajopuente para ir de una planta a la otra y fue una gran tentación intervenirlo. Convocamos para llevar adelante esta desafiante obra a un artista muy renombrado, con gran estatura internacional que es Franco Fasoli, Jaz es su nombre artístico. Él propuso hacer el trabajo junto a otro gran artista, Francisco Díaz –Pastel– que fue su compañero de taller durante 15 años y con quien había tenido pocas oportunidades de pintar en conjunto. Ese mismo fin de semana, decidimos intervenir también una emblemática esquina en Luján y Goncalves Días: la vidriería de Julio. Para eso elegimos convocar a otro talentoso artista local, Julián Manzelli, conocido como Chu, quien es fundador y parte del colectivo Doma. Ese fin de semana largo intervinimos ambos espacios.
¿Cuál fue la reacción de los vecinos al ver lo que se hacía en ese bajopuente?
Había gente que pasaba y decía “¡por fin se acuerdan de Barracas!” “¡Qué bueno lo que están haciendo!” En uno de los muros tuve la posibilidad de participar como asistente, pintando un poco, y un niño vecino se acercó y me preguntó qué estaba haciendo. Le respondí que estaba “jugando,” él me sonrió. Ahí me conmovió ver que lo que estábamos haciendo además de pintar era contribuir a generar esperanza, a brindar un encuentro. El barrio se fue constituyendo de alguna manera en un “museo al aire libre”. Aquel fin de semana largo fue una fiesta espontánea en la calle. Los autos paraban, saludaban a los artistas, preguntaban y, los vecinos agradecían.
¿Les habrán preguntado varias veces por qué se les ocurrió pintar?
Sí, y la respuesta es que queremos crear un espacio más habitable, más humano. Que conecte a las personas con sus deseos. El arte urbano mejora nuestro humor en el tránsito por las ciudades. Nos acompaña. Las ideas y proyectos de diferentes artistas, aplicados en grandes muros, se convierten en potentes vehículos de arte, de belleza, de mensajes, de imágenes y colores. Los vecinos que sienten las paredes como patrimonio común. Pintar la aldea –nuestro barrio– es la declaración de principios que nos interconecta. El resultado tiende puentes entre nosotros
¿Planean continuar con estos murales en Barracas?
Nuestra intención no es correr a llenar la cuadra de colorido. Nuestro objetivo no es decorativo, sino que tiene más que ver con el símbolo y lo plástico. Las paredes esperan al artista adecuado, al que le corresponde a esa pared. En 2011 conocí a Pol Corona, quien desde entonces está colaborando con nosotros en la curaduría y la producción que hacemos en cada convocatoria. Llevamos realizados unos 14 murales en los que participaron un total de 19 artistas. El sueño es que este movimiento se constituya en algo federal, que abarque todo el país. Este programa no tiene fin.
¿Cuál es la característica que tienen en común los diferentes artistas que convocan?
Diría que la generosidad y las ganas de contribuir para hacer un mundo un poquito mejor es lo que los une. A partir del MOS, me encontré con una cantidad de gente de entre 18 y 40 años, que claramente está y elige estar fuera de los circuitos convencionales del arte, son artistas que en general se autogestionan. Además tienen un código de trabajo que sorprende, provoca y que está en línea con el sentir de las nuevas generaciones. La colaboración es un gran pilar entre ellos. Es habitual que se junten varios a realizar una obra. Es increíble el maridaje que logran con improntas tan aparentemente distantes como en algunos casos puede ser lo abstracto y lo figurativo. Una vez que terminan el trabajo, esa obra ya no les pertenece, ya es de todos. Tienen un desapego con la obra terminada que a mí me conmueve especialmente. Aprendo mucho con ellos.
¿Por qué Sullair no firma las obras ?
Porque el objetivo es crear un espacio común para todos. Promovemos y estamos atrás de esto. No es casual que el nombre no figure. Es una decisión y tiene que ver con nuestra aspiración es que esto se logre constituir en un movimiento, que genere impacto social. Esa aspiración se obtura si Sullair figura en las obras. Esto tiene vuelo propio. La intención es que la gente se contagie y que todos vivamos un poquito mejor. Desde un punto de vista algo egoísta, a nosotros ya nos cambió lo que es la llegada diaria a la planta. Un empleado hace un tiempo me dijo “yo vengo caminando, y ahora siento que las bicicletas que están en la pared me acompañan”. Ese ejemplo ya es pequeño impacto. Siento que el conjunto de los que pasamos por estas pocas cuadras vivimos mejor a partir de este proyecto.
¿Qué pasa si otras empresas copian la idea?
Sullair Cultura nació con la intención de aportar su propio granito de arena para ayudar a hacer un mundo un poco mejor desde nuestro pequeño mundo, que es una empresa. Me parecería maravilloso si otras compañías hicieran también esto, para mí sería una excelente noticia.
Canal YouTube | Sullair Argentina






(3) COMENTARIOS
Respuesta para JuanPol Corona, un argentino por opción – Los Caballetes
hace 9 años[…] noviembre inauguramos acá, es una muestra en paralelo al proyecto de Sullair Cultura en el cual estoy involucrado y habla del libro que vamos a presentar, “7 murales“. El […]
Silvia
hace 10 añosEs una iniciativa cultural excelente, felicitaciones!!
veronica
hace 10 añosFELICITACIONES!! me encanta.